Renacido Capítulo 1
Capítulo 1: mi vida normal
Los seres humanos siempre me parecieron aburridos. Esa fue mi verdad… hasta que un acontecimiento extraordinario cambió mi vida para siempre.
Jun Sora, un estudiante de 16 años del undécimo grado en la preparatoria Kanegawa, llevaba una existencia monótona. Solía sentarse junto a la ventana, en el aula del fondo, convencido de que su historia sería igual a la de cualquier adolescente japonés.
—Sora… —susurró una voz familiar.
Era Mizori, su amiga de toda la vida. Pero aquella vez ni siquiera la escuchó. Estaba agotado, harto de ser el centro de atención de un grupo de chicas que lo acosaban sin descanso. Deseaba, con todo su ser, que ese día hubiera sido diferente.
—¡Jun! ¡Jun! ¡Jun! —gritaban, enloquecidas.
—Oye Jun, qué suerte la tuya con ese club de fans —se burló Kai, su mejor amigo de la infancia.
—¿Y quién no quisiera estar en su lugar? —añadió Ryuto, su otro amigo cercano desde el sexto grado.
Ambos se colgaron de sus hombros con confianza excesiva. A Jun le molestaban esas demostraciones de afecto invasivas, aunque sabía que, en el fondo, eran leales y lo querían.
—Ya basta, chicos. Déjenlo en paz. —intervino Mizori con suavidad.
—¡No! —rió Kai sin compasión.
Ella solo quería ayudar, pero su carácter gentil no era suficiente para imponerse.
Después de clases, como solían hacerlo a veces, fueron al karaoke. La pasaron bien. Al regresar a casa, el teléfono de Jun vibró. Era un mensaje de Mizori.
Jun, no podré estar más con ustedes. Me mudaré a Kioto. Mis padres decidieron que es lo mejor… hay una epidemia nueva y mi sistema inmunológico es muy débil.
-¿Qué? ¿Una epidemia?
Han descubierto un virus. Es serio. Dicen que podría ser mortal.
Eso debe ser exagerado. Apuesto a que es solo otro resfriado fuerte y los medios quieren crear pánico.
No, Jun. Esta vez es real.
Conversaron un poco más, pero Jun prefirió no darle demasiada importancia.
Al día siguiente, la escuela transcurrió con normalidad, salvo por Mizori. Parecía querer decir algo importante.
—Jun… ¡Jun! —lo llamó, insistente.
—¡Contesta a Mizori, idiota! —le gritó Ryuto.
—Ah, perdón…
Jun estaba distraído, dándole vueltas a la conversación de la noche anterior.
—Hoy será mi último día aquí. Me gustaría que almorcemos juntos después de clases —dijo ella, sonrojada.
—Está bien. —respondió Jun, con una sonrisa suave.
Mizori iluminó su rostro con una alegría sincera.
Pero cuando salieron de la escuela, algo cambió.
Un grupo de desconocidos los esperaba a las afueras. Jun no lo notó de inmediato. Solo había pensado en comer algo rápido con sus amigos. Pero entonces, una chica desconocida se les acercó, llorando.
—Jun… por favor, ayúdanos…
—¿Qué ocurrió? —preguntó, alerta.
—Mis amigas están en peligro… ven rápido.
—Ustedes adelántense. —les dijo a sus amigos.
—¿Estás seguro, Sora?
—Estaré bien. Vayan.
Kai aceptó sin más. Jun siguió a la chica… y cayó directo en una trampa.
Ella no era del instituto. Frente a él, seis tipos lo rodearon con miradas frías.
Uno de ellos lo derribó con facilidad. Los golpes llegaron rápido, uno tras otro. No pudo defenderse.
Mientras tanto, en otra parte:
—¿Eh? ¿Mizori? —preguntó Ryuto, al notar su inquietud.
—¿Por qué te detienes? —inquirió Kai.
—Sora puede estar en peligro…
El teléfono de Jun vibró. Era Mizori.
—Estoy bien. —intentó decir él, pero uno de los agresores lo pateó, arrebatándole el celular.
—¿Sora? —su voz al otro lado de la línea, asustada.
Era una emboscada.
Mizori, Kai y Ryuto llegaron corriendo, alertados. Lo que encontraron fue devastador: Jun ensangrentado, inconsciente, con la oreja izquierda sangrando y el cuerpo cubierto de moretones.
Los criminales, sin escrúpulos, voltearon su crueldad hacia Mizori. Kai y Ryuto fueron neutralizados.
Jun recuperó la conciencia en medio del caos. Trató de gritar, de moverse, pero no podía. Sujetado con fuerza, vio el horror: Mizori, aterrada, intentando resistir. Ellos la golpeaban, la humillaban. Uno sacó un cuchillo. Hubo sangre. Jun gritó.
—¡Basta!
Con una voluntad descomunal, logró soltarse. Enfrentó a sus captores. Uno apuntó un arma.
—Si das un paso más, le disparo.
—¡Mizori…!
Ella sonrió con lágrimas.
—No te preocupes por mí… salva a los demás.
Y entonces, un disparo.
—¡NOOOOOO! ¡MIZORI!
La bala impactó en su pecho. Jun se quedó inmóvil. El silencio lo devoró. El mundo se rompió.
—Siempre… te he querido —susurró ella, agonizando.
La rabia lo consumió. Atacó sin pensar. Los agresores se desorganizaron. Uno intentó disparar, pero el arma no tenía balas.
—¡Imbécil! ¡Te dije que la recargaras!
En la confusión, Jun usó a uno como escudo humano. No vio venir al que tenía el cuchillo. Sintió el acero abrirse paso en su espalda, cerca del corazón. Cayó. Llovía.
A rastras, llegó hasta Mizori. Su cuerpo ya estaba frío.
Lloró. Lloró como nunca. La culpa lo aniquilaba. No había logrado protegerla. Ni siquiera le dijo lo que sentía. Fue un idiota.
Kai y Ryuto despertaron. Ryu lo miró con rabia.
—No puedo seguir siendo tu amigo, Jun. Pensé que serías diferente.
—¡Lo siento! ¡No pude protegerla! —gritó Jun, desesperado.
Kai intervino, conteniendo las lágrimas.
—¿Crees que él no está sufriendo? ¡Mira cómo está!
Ryuto, decepcionado, se marchó sin decir más.
—Ryu… —musitó Jun.
Kai lo sacudió.
—¡Jun! ¡Reacciona! Vamos a casa. Llamaremos a la policía.
Jun bajó la mirada.
—Está bien…
Al día siguiente, el aula estaba más silenciosa que nunca. En el pupitre vacío de Mizori, sus compañeros colocaron un ramo de flores. Jun apenas podía respirar.
Y entonces, la profesora entró.
—Chicos… sé que lo de Mizori es duro, pero debo presentarles a una nueva compañera.
Entró una chica de aspecto extranjero, piel clara y cabello blanco como la nieve.
—Hola. Me llamo Rumie. Espero llevarme bien con ustedes.
Se inclinó con una sonrisa tenue.
Jun no reaccionó. No expresó sorpresa ni alegría. Solo quería irse a casa.
Más tarde, Kai lo invitó a la velada en honor a Mizori. Él aceptó.
Se encontraron con la familia y amigos de ella. Ryuto estaba allí, pero nadie dijo una palabra. Era como si el tiempo se hubiera congelado.
Algo se había roto en todos ellos.
Y Jun, sin saberlo aún, estaba a punto de renacer.
Comentarios
Publicar un comentario